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martes, 8 de marzo de 2016

Sueños de infancia


Imagen tomada de internet. Autor desconocido.
Conocí a Mark hace muchísimos años, cuando ambos éramos adolescentes, con catorce o quince años.

 No sé si llamaba más la atención su sonrisa o sus preciosos ojos azules donde se reflejaba las aguas del  Atlántico que nos rodeaba con toda su sabiduría y su fuerza. En el iris de sus ojos no sólo se reflejaba el mar sino también la calidez de su corazón.

Durante muchos veranos hablamos a través de una ventana que separaba el colegio del instituto, contándonos confidencias, chistes, las letras de las canciones de moda y un largo etcétera.

Éramos un copioso grupo de amigos, todos divertidos, interesantes, dispuestos a comernos la vida —como cualquier otro joven— pero él, Mark, tenía algo muy especial, sabía escuchar, incluso con su mirada.

Detectaba cuándo pasaba un día triste, a mí me ocurría lo mismo con él. Sabía si necesitaba un abrazo, un gesto de cariño, con sólo mirarme…

Alguna vez nos llegamos a abrazar en silencio, sin jamás hablar de ello.

No existían palabras, con tan sólo "encontrar una mirada"  y la espera de ese confidencial instante en el que ambos nos quedábamos a oscuras —tras escuchar el “clic” del interruptor— nos abrazábamos por unos minutos, los justos, para hallar el confort de su jersey azul y el aroma de su piel.

El calor de sus fornidos brazos, la firmeza de su juvenil pecho —bien curtido por las horas que se pasaba en el gimnasio—, aún permanecen en la memoria de mi piel como tesoros grabados a fuego en ella.

Un día Mark desapareció, tal y como se oculta el sol tras lontananza.

Tardé muchos años en saber de él. Se fue a vivir muy lejos, pero aún recordaba que un día vivió en el sur del paraíso, así como otros muchos detalles de los años pasados allí, que continúan siendo tesoros guardados en la memoria.

Nunca fue un astro del deporte, ni un magnífico abogado, tampoco aquel médico que deseó ser…Ha probado varias profesiones a lo largo de su vida y ahora Mark me dice que está a punto de cumplir su sueño, que siempre quiso ser un mercenario, ¿será por eso por lo que hace esos viajes tan raros y tan exóticos a la vez? Mejor no le acompaño.


Irene Bulio © 2016

miércoles, 3 de junio de 2015

El faro de Sardina.





El faro de Sardina.

Desde 1891 aquel faro saludaba a quienes se acercaban al norte de Gran Canaria. Muchos enamorados acostumbraban a compartir sus furtivos besos bajo sus titilantes destellos. Él también acudía con su primer amor, en el viejo simca-mil, hasta que en 1985 abandonó la isla para buscar trabajo.
Al  año siguiente derribaron el viejo faro. En su lugar instalaron uno nuevo, moderno.
Hoy se acerca a verlo. Una luz oscilante, sube y baja de una extraña forma.
—¡Qué raro! —piensa  al acercarse y ver una pareja frente a frente, apasionada, subida en una moto que “tiembla” por el placer.


Irene Bulio, seudónimo de Inma Flores – 100 palabras solidarias.
14.04.15 para el  programa del 17/04/15

Cambio de rumbo





Imagen tomada de internet - autor desconocido

Cambio de rumbo


Nada a su alrededor le interesaba. Todo cuando veía le producía tristeza. Sin darse cuenta habían pasado los años y olvidó el rastro de lo que un día le produjo felicidad.

Veía pasar los coches de un lado para otro, con los faros encendidos, dejando estelas a su paso. Pensó que quizás alguno de ellos sería su solución.
No terminaba de decidirse.

Pasó junto a uno de ellos, abrió su bolso, tomó  un espejo, su carmín, y se hidrató los labios e iluminó su rostro.

                Sé que aún me quedan muchas sonrisas por compartir. Mirar atrás no merece la pena.


Irene Bulio © 2015
(Seudónimo de Inma Flores)

Una particular forma de viajar





Una particular forma de viajar


A menudo presumía de  conocer las principales ciudades del mundo: Roma, París, Venecia… aunque su favorita siempre fue Madrid.
Sus conocidos le admiraban por cómo contaba las historias que le sucedían en esos mágicos lugares. Acostumbraba a visitar las cafeterías más emblemáticas, donde coincidía con algunos famosos.
Hubo quien pretendió ir con él, ofrecimiento que siempre declinó.
Cada mes de septiembre se va a un pequeño hotel al norte de la isla. En su maleta hay decenas de revistas y algunas novelas ambientadas en los lugares que piensa “visitar”. Le horroriza viajar en barco, y más en avión.

Irene Bulio © mayo 2015.
(Seudónimo de Inma Flores)

Despertar





Despertar


Sintió algo de frío; se deslizó bajo las sábanas. Los primeros rayos de sol se hacían rogar.

Estiró su mano, como de costumbre, y él no estaba allí; era su amor, su vida, su compañero...
Le embriagó tanto la tristeza que ni las lágrimas quisieron aparecer por si se entristecían.

Días atrás hacían planes cuando, de repente, él se fue sin ella. Se fue a otro cielo, sin billete de vuelta, sin un adiós.
Aún así sabía que cumpliría su promesa y la esperaría en la próxima estación el tiempo que Dios estimase conveniente.

Irene Bulio © Leer por leer.

Otra forma de viajar






Otra forma de viajar


«—Que no, que te quedes aquí, que no te me vayas… Mira que eres curiosa y cuando algo te gusta lo repites una y mil veces, lo reiteras constantemente».
Así es como le hablo a mi imaginación, y no me hace caso. Ayer le vi desvestirse, quitarse la camisa negra, botón a botón, depositarla cuidadosamente sobre el respaldo de la silla...  Su tórax vibraba a un ritmo acompasado…
Besar su espalda, su clavícula… mordisquear sus hombros, lentamente…   eso es lo que hubiese hecho, pero desde donde estaba no podía, sólo me podía permitir viajar a través de la imaginación.

Irene Bulio (Seudónimo de Inma Flores) © 22.05.2015 – Leer por leer.