domingo, 28 de septiembre de 2014

La siesta


(Renzo Castaneda)


Es una acalorada tarde de verano. Despierto semi-inconsciente, tras la siesta. Un sabor amargo embriaga mi boca y una sed descomunal me llevan directamente a la nevera.
Al abrir, siento paz: allí veo una apetitosa cerveza. La tomo en mi mano y noto como su frescor se apodera de mí, a través de los dedos.
Tiro de la anilla, el ruido que produce me arranca una sonrisa, y siento como su espuma blanca se desliza por mi mano, apoderándose de ella.  Busco rápidamente una jarra para no desperdiciar ni una gota del maravilloso néctar extraído de la cebada.
Al tomar el primer sorbo, noto como el dorado jugo se funde en mi boca, inundándola de sabor, impregnándola —seguidamente—  de su olor amargo y provocando, a su vez, un ligero burbujear sobre mi lengua.
El cosquilleo que le produce se convierte en un inmenso placer para varios de mis sentidos, al amalgamarse con el aroma que ya me ha invadido y provocando la sensación de poseer todo mi ser, de  formar parte de mí.

Tras varios sorbos, es cuando noto el vacío de  mi alma. Me siento inundado por  mi adorada cerveza, pero noto tu ausencia, como si de un alma demasiado  lejana se tratase.
No puedo verte, ni tocarte, apenas sentirte...
Tú, tampoco puedes lastimarme.
Tu recuerdo ya no me daña y sin embargo, aún te sueño.
Ese sabor amargo con el que desperté me supo a ti, a tu recuerdo.

Morfeo te trajo de nuevo a mis brazos, ahora lo recuerdo:
Estaba en una barca, a la deriva, mientras descubrí —a lo lejos— una montaña que se me antojó el maravilloso Teide.
Le sentía tan lejano como a ti...Era apenas perceptible, al igual que tú; le protegían un batallón de nubes blancas y grises, como a ti te protegen de mi recuerdo miles de vivencias nuevas. Se veía majestuoso, como tú cuando me miras.

Mientras me acerco noto como la montaña se sigue pareciendo cada vez  más a ti. Se le intuye fuego en su interior, y su forma —la que sobresale en la cúspide— me recuerda el contorno de un pecho femenino,  un pecho conocido, que emerge desde las nubes, coronado por un pezón erguido, dispuesto a amamantar historias nuevas.

Desde esa lejanía en la que te observo se deshacen las cadenas que antaño me ataban a ti, a tu recuerdo; aún así, me atraes, exhibiendo tu feminidad delante de mis pupilas, haciéndome sentir un marinero deseoso de alcanzar tu costa, de degustar tus cimas, escalar tu Monte de Venus, explorar tus cuevas —esas cuevas con las que aún suelo soñar y donde el mar azota, de una forma fuerte e inesperada, humedeciendo  y expandiéndose en todo su interior—
Cuando por fin llego hasta tu costa y enredo mis pies en tu arena, te exhibes tímida, cubriendo tu desnudez con gotas de mar salada (a modo de lágrimas provocadas por el dolor), y elevadas hasta tu pecho en forma de mullidas nubes.

—¿Acaso has pactado con ellas que sean parte de tu atrezzo y te permiten alejarte así de mi libinidosa mirada?—  pregunté.

No obtuve respuesta, aquí acabó mi sueño.


Irene Bulio ©

martes, 9 de septiembre de 2014

Enjambre






Estos pensamientos revolotean
en  mi cabeza pronta a  estallar
sin que se consiga hacer hoy  soñar
 los miedos, que sólo  salir  desean.

Los argumentos  ya se  tambalean
pues no permiten apenas brotar
una simple idea: la de  pasar
 de  azabaches sueños que balbucean

al  zumbido loco,  ensordecedor
—magento rayo que  recorre el   alma
arrugando  sueños por el  hedor

de aguas empozadas; pura es la calma—
que  va inflando  miedos bajo el calor
que  brota en  mis  manos: dedos y palma.

Irene Bulio © 2014

viernes, 5 de abril de 2013

Así de sencillo...





Así de sencillo es amarte,
como caen las hojas caducas de los árboles en otoño,
dibujando sueños en un zigzaguear que se hace infinito,
acariciadas por el suave viento, que a veces, se vuelve apasionado.

Así de sencillo es amarte,
como el llegar de una tímida ola a la orilla
cargada de todo el conocimiento del mar en sus moléculas
adornada con la espuma con la que ya jugaron  las sirenas.

Así de sencillo es amarte,
como contemplar una puesta de sol cada tarde
ese esplendoroso sol, a veces ruborizado, que  se esconde,
deseoso de que lo busques, aunque sea en sueños.

Así de sencillo es amarte,
como se ama a la luna cada noche,
como se anhelan las estrellas que titilan a lo lejos,
iluminando el ardor de un beso apasionado.

Así de sencillo es amarte,
aunque sea en sueños,
aunque aún no llegues...
No lo dudes... yo te espero.

Irene Bulio, Maspalomas a 04 de abril de 2013 ©



Fotos descargadas de internet, autor desconocido.

miércoles, 3 de abril de 2013

Lo que hoy guarda mi alma...




Querido desamado,
ha pasado el tiempo,
han pasado los sueños,
han pasado los años,
ha pasado... todo ya ha pasado.

Han pasado tantas cosas
que incluso la tristeza de mi alma emigró.
La alegría, en cambio, siempre me acompaña.
He cambiado un sueño por un reto,
un deseo del alma por una meta.
He soltado lo que más quería
para agarrar con fuerzas lo que un día dejé atrás.

Cambié unos llantos por el ruido del teclado,
el cambiar unos pañales por alimentar el alma,
el olor de los polvos de talco por leer hasta el amanecer,
el amarte, por sólo quererte...

Sí, cambié... Fue mejor eso que dejarme morir
en los brazos de mi tristeza, mecida por tus mentiras,
 Fue mejor eso que permitir una herida causada
por mis sueños rotos,  los que nunca pensaste cumplir.
Tus mentiras... tus mentiras... tus mentiras ahora son
 la llave de mi libertad...

Irene Bulio © 2013



miércoles, 19 de diciembre de 2012



Por fin... me liberé.
Llegó a casa muy cansada, era ya media tarde, y se dispuso a preparar algo rápido para almorzar: un tomatito ligero, una latita de atún, unas aceitunas (le encantan las aceitunas) y un poco de pollo a la plancha. En apenas un cuarto de hora todo está preparado y se dispone a saborearlo en el salón, sentada en su sofá favorito, mientras ve la televisión y degusta un Rivera del Duero.


Una vez está allí, saborea lo que ha preparado mientras hace zapping constantemente; no encuentra nada que le guste. Todas las noticias son negativas, hablan de crisis, dolor, guerras... en definitiva, del fin del mundo, de este mundo de comodidad que conocemos.


Las películas que aparecen en algunos canales tampoco son agradables, tratan sobre marcianos, muertes, dolor...


¡¡Bastante tengo ya con lo mío como para aguantar esto!!— Dijo en alto mientras apagaba la tele con el mando a distancia.


Lo suyo... Sí, era una historia triste, acababa de ser despedida, con una mísera indemnización después de décadas prestando servicios en la misma empresa, sacándole “las castañas del fuego” a ese jefe que tanto alardeaba de sus maravillosos viajes, sus vehículos de gran cilindrada, los “ligues” en las noches de lujuria, siempre bellas jóvenes..., mientras ella, que le amaba en secreto, veía marchitar su juventud día tras día.


Había dejado atrás a Jacinto, aquel primer noviete de la juventud; Carlos, un representante que se cansó de agasajarla durante más de un año y al que hizo caso omiso. El vecino del quinto, que siempre la miraba con buenos ojos y era excesivamente atento con ella; nunca le dijo nada, pero sus ojos, su forma de mirarla, lo decían todo.


Sí, bastante tenía... y más con ese par de copitas de vino que acababa de tomar. Estaba agotada de tanto pensar y pensar durante las últimas semanas, y por fin, hoy, había acabado su martirio...


Con este pensamiento se sumergió en un profundo sueño.


Pasaron las horas y ya de madrugada despertó. Se sentía en paz, feliz, risueña. Ella misma se extrañó, tras el tremendo día que había pasado, pero todo tiene su explicación: Había soñado -como en su adolescencia- que se dedicaba a escribir historias, poemas, relatos... Le encantaba “soñar despierta”, hablar con la gente, soñar sus mismos sueños y ayudar a que se cumpliesen... De repente, sintió que había llegado el momento, su momento.


Se duchó con su gel favorito -olor a azahar-, secó cuidadosamente su cabello, se vistió con su ropa más alegre y se dirigió al asilo donde estaban sus padres. Éstos, al verla, creían soñar:


Hija, ¿qué haces aquí? Desde Navidad no sabemos nada de ti — dijo su madre.


¡¡Oh!!...— apenas pudo balbucear su padre mientras soltaba unas lágrimas de alegría.


Mientras, la joven, no paraba de sonreír. Se sentía dichosa y feliz. Con su pequeño magnetófono en la mano se dirigió a sus padres:


A ver, de uno en uno... cuénteme esa historia tan bonita, sí del día en el que se conocieron... Muchas veces lloré de emoción con ella, y ya es hora de compartirla, que la conozca mucha gente... ¡Qué el mundo sepa que SÍ EXISTE EL AMOR!


Y así fue  como sucedió: grabadora en mano, Carmen comenzó su nueva andadura. Su nueva misión en la vida: repartir amor, sembrar el mundo de ilusión, compartir todo lo bello que a veces se va en los recuerdos de quienes amamos.



Aquél viernes, 21 de diciembre, sepultó su mundo y “parió” su nueva vida, tras un sueño y unas copas de vino. A veces, un dolor, un agravio, una “mala faena” puede marcar la diferencia y “salvarnos” de una vida monótona e infeliz, permitiéndonos ver la luz, tras un túnel lleno de sombras.
Inma Flores 12.12.12 ©