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miércoles, 30 de marzo de 2016

Indecisa




 (Muelle de Agaete - Gran Canaria)


Se acercó al muelle, como solía hacer cada jueves por la tarde, a eso de las seis y media.
Su mirada se perdía en el infinito. Así pasaba al menos dos horas, hasta que tras  lontananza el cielo se pintaba de oscuras tonalidades que entristecían aún más su semblante.
En ese instante comenzaba a rodar una salada lágrima por su mejilla izquierda. No hacía nada por apagarla, dejaba que se evaporase. Tenía la esperanza de que volviese al mar y en algún instante rozase la piel —y quizás también el corazón— de su gran amor.
El ovillo del tiempo había rodado ya por cuatro décadas, pero no fue tiempo suficiente para olvidarle. Tenía la esperanza de que él también la llevaría en algún lugar de su  memoria. Cuando se ama como ellos lo hicieron el sentimiento se hace eterno, como el agua del mar, que siempre está al final del camino. ¿Estaría él aguardándola como un paciente Caronte?
   Hoy no, será otro día cuando decida acompañarte. Mañana volverá a brillar el sol— dijo, en voz muy baja, sin apenas mover los labios, al pensar en sus hijos y sus nietos— Quizás el próximo jueves…Te fuiste un jueves y un jueves nos volveremos a encontrar.

Esa misma noche su corazón dejó de palpitar. Era un corazón ajado de tanto latir a dos ritmos. El día siguiente amaneció vestido con una tonalidad preciosa, lleno de luz. Desde el muelle se podía divisar un  brillante arco iris que brotaba desde  lo más alto del cielo y caía junto a su ventana.

Inma Flores © 2016