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lunes, 2 de julio de 2012

El reflejo de la luna

·         EL REFLEJO DE LA LUNA

Abrió sigilosamente la puerta, intentando no hacer ruido. Atrás quedaba Leo - su novia-, y sus dos hijos –Klark y Kent-. No le remordía la conciencia. Quería comenzar un nuevo sueño. Esta era la noche ideal, una noche de luna llena, una noche que le iluminaría el camino que iba a emprender.
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Cruzó el bosque con la máxima velocidad con la que pudo, intentando no tropezar con ningún arbusto ni con ninguna piedra de las que se encontraban en el camino.
Pronto, apenas en 15 minutos, llegó a la carretera. Le era más fácil avanzar por ella. A lo lejos ve una luz que se aproxima a gran velocidad. Titubea. No sabe si hacer auto-stop o continuar su camino a pie.
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Al fin y al cabo quiere avanzar lejos y pronto. Pero … no las tiene todas consigo. En los últimos días había escuchado que en las aldeas colindantes habían ocurrido un par de muertes muy extrañas en personas jóvenes… Nadie se creía que aquellos pastores tan experimentados habían tenido un accidente y se habían caído por la ladera…
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Mientras decidía,  se contradecía con un zigzagueo de pensamiento; la moto se acercaba a gran velocidad; todo pasó en apenas un instante:
-Hola, busco Ciudad del Cuervo. –pregunta el motero-
- Ese lugar está muy lejos de aquí, al menos a cincuenta kilómetros –Contestó Luigui-

Se hizo nuevamente el silencio. Ambos hombres se miraban fijamente a los ojos en busca de una respuesta, un titubeo, o quizás, una simple contradicción entre lo que decían y lo que expresaban sus rostros… Esa luna chivata, ahora escondida tras unas grises nubes, no dejaba ver claramente los rostros.
-Pues me va a ser imposible llegar mañana a esa ciudad –comentó el extraño-
A lo que Luigui se adelantó a contestar:
-No te preocupes, conozco un lugar donde poder descansar. A unos kilómetros de aquí existe una casa abandonada, tengo la llave. Podremos pasar allí la noche.
Seguidamente se subió a la moto y ambos partieron rumbo al norte. Tras un recorrido de unos  15 minutos habían llegado a un paraje deshabitado; Luigui invitó al extraño a asomarse a un lado del camino –había poca luz, pero desde allí se podía ver la casa abandonada-.
A los pocos instantes se oye un gran ruido, lo que parece un grito estremecedor:
-¡¡¡AAAAAHHHHHHHHHH!!!...¿¿¿QUÉ…HAS…….HECHO….???
El extraño yace en el fondo del acantilado… Luigui coge su moto y se dirige rumbo al oeste…
Ya le estaban pisando los talones. No era cuestión de dejarse coger… Además, luna llena, su preferida para realizar fechorías.
Inma Flores. 07.03.2012.