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viernes, 27 de febrero de 2015

Canciones de amor



Canciones de amor

“Al pasar la barca le dijo el barquero:
«las niñas bonitas…»”
cantaba una dulce voz femenina, mientras  Ana sonreía alegremente. Se sentía la niña más guapa del mundo; sabía que  para su madre lo era. En ese instante la llamó:
    Mami, mami… sigue cantándome esa vieja canción — dijo, con entusiasmo infantil.
    Abuela, abuela, soy yo, Marga, tu nieta… —fue la respuesta que oyó.
La anciana, ya ciega y desmemoriada, no pudo comprenderlo:
    Mami, mami… ¿dónde estás? —preguntó, asustada, mientras Marga besaba su mejilla— ¡Lo sabía,  apagaste la luz, pero hoy no te despegues de mi lado, tengo miedo!


Inma Flores – Para Cien Palabras Solidarias. 28.02.15.


Papá





Papá

En casa de la adivina:
   ¿Escuchas ese ruido?—  preguntó, haciendo un guiño.
   Sí, es como si rodasen un mueble…— contestó, con cara de susto.
   Sí, eso es. Quieren hablar contigo, decirte algo.
   ¿Quién? Siento miedo…
   Un hombre, de unos cuarenta años…Está tarareando una canción.
   ¡¡Mi padre!!
   Sí, sí, ese, tu padre…
   ¡No puede ser…! — dijo mientras se desmayaba.
Acto seguido alguien sale de detrás de la cortina y pregunta con sigilo:
   ¿Pongo un poco de música de Rocío Jurado?  dijo que le gustaba al padre.

Mientras, la joven se recupera:
   Pero si mi padre fue quien me trajo hoy aquí…


Irene Bulio – Cien Palabras Solidarias. 

28/02/2015


viernes, 20 de febrero de 2015

El viaje de papá





El viaje de papá


         —¡Por fin llegaste!— Gritó Carlos entusiasmado.
             Tranquilo,  deja las maletas— dijo el padre, sonriendo.
             ¿Qué me trajiste? ¿Cuál es mi regalo? — preguntó, con ojos curiosos.
             Espera... un momento...— le dijo
             ¡¡Seguro que es éste!!—   gritó Carlos al coger una  discreta caja.

Su padre no pudo contener la cara de espanto:

             ¡¡No abras eso !!— le espetó, enojado, mientras se desparramaban por el suelo decenas de fotos carnavaleras:
             Papá, ¿quién es esa mujer que se parece a ti?

El  ruido de la puerta, al llegar la madre, le sonó a música celestial.



Inma flores ©


El recuerdo de tus ojos



El recuerdo de tus ojos



A lo lejos se escucha la caricia de una guitarra que atrae mi atención. Me acerco casi de puntillas —no quiero entorpecer algo tan bello— y  me encuentro en un rincón del parque a un joven cantautor:

             Vendrán las alas, somos pacto de calor, somos algo que dijimos cuando todo era mejor... y si no puedes volar, te doy mis alas...

En ese instante mis pupilas se tropezaron con unos ojos color verde-mar. Los recuerdos se agolpan en mi mente: una guitarra, una mirada al fondo del alma, el sabor de un beso nunca dado... un primer amor.




Irene Bulio 
(seudónimo de Inma Flores)


Llovía




Llovía.

Era un otoño húmedo. No sólo llovía tras las ventanas, también sus lagrimales  estaban empapados.
Su tristeza era tan grande que fue incapaz de ver el sol que  tímidamente intentaba reflejarse en su mirada.
Bajó la persiana. Encendió la radio. No quería pensar.
Su índice iba cambiando el dial. De repente escuchó una voz que le trajo  antiguos recuerdos, era Axel…
“No sé si soñaba, no sé si dormía… y  la voz de un ángel dijo: Celebra la vida…”
Al escuchar la canción sus pies cogieron el ritmo. Su corazón también.

—Nadie vale una sola de tus lágrimas — se dijo.

Inma flores ©

martes, 3 de febrero de 2015

Salir de paseo.



Salir de paseo

Oscurecía cuando salí a pasear;  sentí frío.
Hubiese preferido quedarme en casa, pero Bea insistió en que saliésemos, a pesar de que no quería moverme del sofá.
Cuando apenas  habíamos caminado unos metros vi a lo lejos a Noa;  corrí como un loco hacia ella. Me acerqué a su carita y la besé insistentemente. Durante un buen rato le hice carantoñas y jugué con ella.
Mereció la pena pasar un poco de frío. Reflejarme en su mirada era mi mayor ilusión, a pesar de que pronto Óliver tomó a Noa en brazos y Bea tiró de mi correa.
—¡A casa! — dijo.


Inma Flores – 100 palabras solidarias


Tristeza


(Imagen tomada de internet. Autor desconocido)



 Tristeza…

Estaba triste, silenciosa, meditando lo ocurrido en el último año: había perdido a su esposo; su único hijo se había ido a vivir a Australia, llevándose a sus nietos; su mejor amiga estaba ingresada en un hospital geriátrico…
Inapetente, llevaba varios días sin probar bocado.
De pronto, sonó el timbre.
    Soy yo, Alicia— se escuchó desde el rellano— Te traigo una visita.
    Sabes que no estoy para visitas— contestó.
    Guau, guau, guau… — “dijo” el visitante, mientras corría hacia ella.

Sus ojos se abrieron como platos. Al sentir cómo le lamía los pies comprendió cuál sería  su mejor medicina.



Roberto Kamé. – 100 palabras solidarias
(Seudónimo)