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viernes, 25 de mayo de 2012

Un cambio de color en la mañana...

Amanecía, como un día cualquiera. Pegó un salto desde la cama y se dispuso a ir al cuarto de baño. Allí se duchó con el gel que más le gustaba, olor a lirios. Después impregnó su piel en suave vaselina líquida, dejando que penetrase mientras secaba su corta melena.
Lo siguiente fue embardurnar con una base hidratante su rostro y su cuello y, enredar la toalla alrededor de su cuerpo.
En la cocina le esperaba un humeante café, de los de toda la vida; la típica cafetera que todos tenemos en casa. Preparó rápidamente su desayuno, y con la misma energía dispuso de él, mientras buscaba algo de música para alegrar su alma...
Tras todo este ritual, vuelta al cuarto de baño, lavarse los dientes y comenzar a colorear sus ojos: un poco de rosa muy claro, una pizca de canelo... una raya malva alrededor del párpado superior... con las yemas de los dedos esparciéndolo todo... dándo un nuevo tono con algo de gris perla....y ¡cómo no! el rimmel para alargar un poco sus pestañas..
Ahora toca el perfilador de labios... por supuesto sin dejar de rellenarlos, para dar más volumen, y luego su barra favorita, color rosa palo, a la que añade algo de marrón... y por qué no... una pizca de brillo...
Ya llega el momento del colorete anaranjado... YSL, su favorito... y a perfumarse... un buen apretón al vaporizador de su perfume habitual:Tresor..., disparando hacia el cielo y, corriendo, a jugar a ponerse debajo mientras las diminutas gotas de perfume le caen encima...
Ahora toca elegir el vestido... pero antes... los zapatos... ¿por qué continuará con esa costumbre de mirar antes los zapatos que la ropa que quiere usar? Unos tacones enormes, eso es lo que le apetece hoy... negros... tiene varias opciones, y se decanta por los más cómodos... entre 8 y 10 cm., cerrados, tipo salón... elegantes...; posteriormente se dirige al armario...
Está traviesa, a la vez melancólica... Siente ganas a reir, pero algo le trae de vez en cuando a la realidad y le esparce algo de tristeza en el rostro, incluso llegando a asomar, tímidamente, una lágrima por uno de sus ojos. Sabe que llegó el momento de un punto y aparte. Quizás un punto y final... y hasta puede que comenzar un nuevo capítulo...
De repente lo ve... sí... allí estaba él, tan dispuesto a ser utilizado, elegante, regio,... Ella no pudo bajar la mirada desde que se encontró de bruces con él: su vestido gris... ese que le marcaba tan bien su cintura y sus caderas... Se lo probó y se encontró encantadora, radiante... además, estaba igual que ella, serio y elegante por fuera, y travieso en su interior, con ese raso rojo que sobresalía a la altura de su espalda y se deslizaba bajo la misma, hasta mitad de sus piernas...
Se sintió feliz, le encantaba ese vestido y hoy le hacía sentirse radiante... No paraba de mirarse al espejo. De pronto, corrió al cuarto de baño y cambió el color de sus labios —ya era tarde—, hoy no serán "rosa palo"... ya es hora de hacer uso del "rojo pasión".