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lunes, 26 de enero de 2015

El mejor ansiolítico



(Imagen tomada de internet - autor desconocido)

El mejor ansiolítico.



Se bajó de la guagua. Hacía frío; tanto que sentía la rigidez en sus mejillas.
Apoyó  a su hijo contra su pecho para que sintiese su calor y no se despertase. Como pudo abrió la puerta de casa. El bebé no se despertó. Estaba agotada.
Una vez que  depositó al niño en su cuna se dirigió al botiquín, tomó una pastilla  y  la puso en su boca, preparó un vaso con agua y, acto seguido, tiró la pastilla a la basura.
No podía permitirse el quedarse dormida; estaba sola y sabía que Carlos, su “medicina” para vivir, despertaría pronto.


Irene Bulio © 2015