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miércoles, 3 de junio de 2015

Despertar





Despertar


Sintió algo de frío; se deslizó bajo las sábanas. Los primeros rayos de sol se hacían rogar.

Estiró su mano, como de costumbre, y él no estaba allí; era su amor, su vida, su compañero...
Le embriagó tanto la tristeza que ni las lágrimas quisieron aparecer por si se entristecían.

Días atrás hacían planes cuando, de repente, él se fue sin ella. Se fue a otro cielo, sin billete de vuelta, sin un adiós.
Aún así sabía que cumpliría su promesa y la esperaría en la próxima estación el tiempo que Dios estimase conveniente.

Irene Bulio © Leer por leer.